Erase que se era, una entrada del blog olvidada cual borrador, abandonada en un servidor. Hace ya mucho, mucho tiempo, en unas vÃas no muy lejanas del planeta Alfacar, un audaz escalador del imperio Gatoliebre se superó a si mismo. La historia habrÃa de recordarlo, como el Gato Volador.
Y es que cuando la vÃa aprieta y respondes… “¡Ay! ¡MÃsero de mi! ¡Ay! ¡Infelices!” si ya lo dejó claro Calderón, pero es que hasta que no estás ahà arriba y tienes que rozar los lÃmites, el grado es solo un sÃmbolo. “No hay quinto malo”. Vivirlo lo es todo. Sopesar la dificultad en cada paso, convencerte de que puedes (siempre quieres) y claro, avanzar. Creo que es la adrenalina la que te pega el empujón. Al llegar a la reunión sacó todo lo malo de sà en gritos eufóricos mezclados con risas hilarantes, qué gozada de vÃa.
Tocando ya tierra, las manos temblorosas todavÃa que no acertaban a deshacer el ocho, se encontró esta moneda, testigo mudo de la hazaña, a modo de recompensa. Iluso el que piense que la vida se paga con dinero.
Y es que no tiene precio; para todo lo demás, ¡a escalar!
Gracias Eva por ser mi cerebro y sacar la historia de los trapos viejos.
